El órdago de los jefes del SMS

Los jefes de servicio del Servicio Murciano de Salud (SMS) están en pie de guerra. Bueno, todos no, sólo más de 40. Estos señores -y señoras, si es que hay alguna- han lanzado un órdago en boca de la consejera de Sanidad Encarna Guillén. Con palabras apocalípticas, tales como la “gran conmoción” para el sistema o el “impacto” para los pacientes, han conseguido meterme el miedo en el cuerpo. Según rezan las escrituras, el éxodo de los jefes va a suponer “un menoscabo” para el sistema sanitario público y los ciudadanos con menos poder adquisitivo van a ser los primeros en sufrir las consecuencias -para variar-. La corneja ha volado hacia la izquierda, se augura un mal presagio.

Vayamos por partes. Creo que van de farol, hay un exceso de ego demasiado grande para que se consumen las amenazas. Además, seguro que hay soluciones intermedias. Ni todo es tan blanco, ni tan negro. Si me equivoco, cabe la posibilidad de que la situación no resulte tan dramática, pues dice el refrán que a rey muerto, rey puesto. Por suerte hay médicos en paro para sustituir a los que se van. Nadie es imprescindible, ni siquiera estos señores jefes de servicio que tanto bien han hecho por la sanidad Murciana. No dudo que se les recordará como tal, si procede. Tampoco me parece descabellado poner una placa conmemorativa por sus servicios prestados. Sentido común. ¿A quién no le parece sospechoso que un gestor pueda trabajar en lo público y en lo privado, sin aprovecharse de su posición? Todo quisque entiende sin demasiado esfuerzo que don Vicente del Bosque no pueda entrenar al mismo tiempo a la Selección Española y a la Selección de Italia. Es como si un caballero jedi perteneciera a los dos lados de la fuerza. Imposible, no concibo un sable blaugrana.

Imaginen que los jefes fueran lo más recto, leal, justo y honesto del mundo. Aunque sólo fuera por un segundo, se me antoja que la debilidad humana es tal que hasta un incorruptible jefe podría caer en la tentación. En la tentación de favorecer a la empresa de la chaqueta y la corbata, claro está. O la tentación de no esforzarse del mismo modo en ambos horizontes. Al igual que todos caemos en otras tentaciones de vez en cuando, como la de la industria farmacéutica. Y el que no, que levante la mano.

Quizá de lo que más se resiente mi retina ha sido de tener que leer el siguiente párrafo redactado en La Opinión:

«Esta medida no sólo va a tener un impacto en el SMS, por lo que supondría de reestructuración, sino también en los ciudadanos –a los que se les limitaría la posibilidad de acceder a profesionales de primera– y en la libertad del personal»

Y este similar, publicado en La Verdad:

Eso supondría “un menoscabo” para el Servicio Murciano de Salud y para los pacientes, según la consejera, ya que “impediría que personas sin recursos económicos puedan acceder a ser atendidos por profesionales de prestigio”

Tiene bemoles el comentario. Los profesionales de cuarta división, como yo, exigimos un respeto. Conociendo a mis compañeros de profesión, les aseguro que las personas sin recursos económicos están a salvo -mientras el SMS asegure su asistencia sanitaria-. Quizá no estemos hablando de reputados galenos de primera llenos de medallas, laudes y protagonistas de canciones de gesta, sino más bien de héroes anónimos que trabajan de sol a sol y no saben decir que no, les echen lo que les echen. Ya que he mencionado las medallas y demás trofeos, sepan que las jefaturas -por lo general- no son obtenidas por el miembro del equipo que mejor gestiona, el que más sabe, ni siquiera por el que más y mejor trabaja, sino por el que más canas tiene o mayor afinidad muestra por el omnipotente dedo del altísimo -con minúscula-. Si algún día me pongo malo, por probabilidad prefiero que me atienda un médico de campaña que el jefe de servicio, por lo que pueda pasar. Así que ya saben.

Hay jefes buenos, buenísimos, pero estos son curiosamente los que menos ruido hacen. Los mejores jefes son los más humildes, los que darían la vida por sus pacientes. Los que se enfrentan cada día a los afilados cuernos del político de turno. Los que no admiten distinción del resto del equipo, no les incomoda ponerse el mono de trabajo ni remar con el mismo ahínco o más si cabe, con los peores remos y en la misma barca que sus compañeros. Los que se preocupan por sus residentes, médicos del presente y del futuro. Los mejores jefes no recelan de la primera línea de batalla. Los mejores jefes no ven en el dinero su prioridad. En definitiva, los buenos jefes escasean y sí, quizá no estén bien pagados. Nunca podrán ser buenos jefes aquellos que viven con angustia el no poder lucirse al tiempo en la pública y en la privada, con el respetable objetivo de alimentar su bolsillo y por qué no, su ego.

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2 comentarios en “El órdago de los jefes del SMS”

  1. Muchos jefes de Servicio han sido personas muy honestas y trabajadoras que no merecen ni siquiera que se ponga en duda su profesionalidad. Han dedicado su vida entera a sus pacientes y no salen en los medios de comunicación aireando lo que hacen.

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    1. Nadie duda de la valía de estos profesionales. Sólo se les obliga al elegir: público o privado. No se debe tener “teta y sopa”. Ya está bien!!!!

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